1.1.13

Cantantes del siglo XXI: Flavio Ferri-Benedetti


Tenemos el placer de conocer las impresiones del contratenor Flavio Ferri-Benedetti, un gran músico. Trabajador incansable, lleno de alegría y buen humor, con una gran sensiblidad al cantar, es capaz de tocar el corazón de su audiencia. Esperamos que os ayude y os guste esta entrevista llena de amor a la música y al arte. 
 
¿Cuál es la primera experiencia que recuerdas con la música?
Lo que primero recuerdo era cantar las canciones para niños que escuchaba en la televisión, en los dibujos o en los casetes que me compraban mis padres, algo típico de los años 80 en los fui pequeño. Mi padre, audiófilo, me enseñó a mi hermano y a mí a usar un grabador de cintas – por lo que uno de nuestro juegos favoritos, cuando teníamos cinco o seis años, era grabarnos a nosotros mismos haciendo de todo: cantando canciones, improvisando escenas cómicas, parodiando programas vistos en la televisión, inventándonos que éramos una emisora de radio (normalmente, tras varias discusiones, mi hermano capitulaba y la emisora pasaba a llamarse “Radio Flavio”, claro ;-) En este contexto recuerdo que vivía el hecho de cantar como algo absolutamente natural e inherente a la persona (en este caso, al niño). Tengo una cinta donde le canto alguna notita a mi padre teniendo dos añitos, pero por supuesto no lo recuerdo personalmente 

¿En qué momento decidiste que querías ser cantante?
El primer choque en este sentido fue descubrir a Joan Sutherland en un vinilo, por pura casualidad, cantando la primera aria de Lucia. Tenía nueve años y estaba solo en la habitación. Pensé: “¡wow!” – y me apresuré a imitarla, chillando a más no poder. Eso me empujó de manera muy fuerte: le pedí a mi madre repetidamente que me llevara a la biblioteca municipal para poder leer libretos de ópera, más que comprar discos. Recuerdo que estaba, de repente y sin explicación, obsesionado con los libretos. Tenía que leerlos. De la misma manera, cuando tenía cinco años y cantaba las canciones de los dibujos, le “exigía” a mis padres que me compraran el vinilo y no el casete, porque en el sobre de papel del disco venía la letra impresa. Recuerdo sobre todo eso, la obsesión por tener la letra. Luego busqué un libro de música del colegio, uno que se usa en Italia para los últimos años de la “EGB”, y empecé a estudiarlo por mi cuenta, ya que no tenía ninguna ayuda en casa de nadie que supiera leer o escribir música. Compré papel para música y empecé a “componer” como un loco cosas que no tenían ningún sentido, las tocaba sobre mi pequeño tecladito, luego cogía el violín y horrorizaba a los vecinos, pasando por la flauta dulce... No tenía claro que sería cantante, sólo sabía que me interesaba la música y la literatura. Luego ya con doce años, viviendo en España, descubrí que existían los “contratenores” gracias a unos CDs (¡esto también era nuevo!) de la biblioteca municipal (¡benditas bibliotecas municipales!). Pensé que esto era absolutamente fantástico, ya que yo quería cantar así, “agudo”, “arriba” – en palabras de un niño, claro. Llegó el cambio de voz, y allí dije claramente: “Quiero cantar como un contratenor”. De ahí empezó todo el drama por conseguirlo, sin profesores, completamente “a lo loco” (a pesar de que estaba estudiando piano en el conservatorio). Pero no creo que me refiriera a hacerlo como profesión. Realmente no me planteé hacerlo como profesión hasta que me fui a Basilea para estudiar en la Schola Cantorum Basiliensis, aunque oficialmente aparecí como “contratenor” por primera vez con 17 años en un pueblo de la provincia de Castellón.

¿Qué personalidad musical crees que te influyó más en tu carrera?
No hay una en especial que supere a las demás, pero sí “grupos” de personalidades según las épocas de mi vida. Seguramente en mi adolescencia crecí y “sobreviví” gracias a todos aquellos pioneros contratenores de los años 80 y 90, aquellos que lucharon, mejor o peor, por romper los prejuicios del público – algo que iba junto de la mano con el movimiento de la música antigua, de todas maneras. Gerard Lesne, René Jacobs, Derek Lee Ragin, Drew Minter, James Bowman, Michael Chance... eran el pan de cada día, así como muchos otros que escuchaba sin parar todos los días. No voy a mentirte, entre los 16 y los 20 fue importantísima para mí la presencia de música más “moderna” y de personalidades fuertes y al mismo tiempo geniales como Freddie Mercury (fui y sigo siendo un fanático de Queen) o Kate Bush, con su voz y su poesía absolutamente arrolladoras. Todo ayuda a formar tu personalidad, a sobrepasar los momentos duros de la adolescencia, cómo no. ¿Acaso debo mencionar también a María Callas sin caer en un cliché? No me importa. María Callas es una gran escuela del sentimiento.

¿Cuál era el estilo o el compositor que más te gustaba estudiar de joven?
Cuando tenía 12–16 años era un verdadero talibán del barroco: no sé por qué siempre nos hacemos muy extremos en esas edades (y hay gente que ahí se queda, al parecer...), y yo me puse realmente desagradable detestando cualquier cosa que no fuera música antigua. No me sé explicar por qué, pero así fue. Luego, por suerte, me fui abriendo a otras cosas. Supongo que son las cosas del crecer y del madurar  Si le dijera al Flavio de hace 15 años que ahora canto Mahler y Wolf, creo que me degollaría ;) Ahora, bromas aparte, siempre tuve una especial obsesión por Handel. Recuerdo que comprar mi primera ópera de Handel en CD (justamente su “Flavio”) fue todo un hito, estaba temblando de emoción. Qué tiempos...

¿En qué repertorio te sientes más a gusto en la actualidad?
Seguramente el barroco es el que más domino, por la cuestión estética y estilística: es el que más he trabajado todos estos años. No es sólo por razones de técnica, que al fin y al cabo es una para todo, sino de estilo, de texto, de poética. Como decíamos en otra ocasión, no hay una técnica diferente para Handel y para Verdi. Hay una manera diferente para Handel y Verdi. El resto son debates estériles de gente que tiene muchas ganas de discutir. También me encanta cantar Lied romántico, que necesito para mi salud mental  No de solo barroco vive el hombre...

Cuéntanos, por favor, alguna experiencia o anécdota que te venga a la memoria que tenga que ver con tu voz o tu experiencia profesional (en algún curso, o concierto...)
Hay tantas anécdotas, es difícil elegir... Recuerdo un señor al salir de un concierto en Berna que se acercó con mucha curiosidad, un poco tímido, preguntándome si como yo cantaba se llamaba “castrato”. Lo decía con toda la ingenuidad del mundo, y no había ninguna malicia. Le expliqué tranquilamente que tenía barba y que hablaba con voz de barítono, por lo que no podía ser un “castrato”. Su mujer exclamó: “¿Ves cómo tenía yo razón?” – En otra ocasión recuerdo una señora que se me acercó después de una misa de Navidad en un pueblecito de Suiza: estaba llorando. No entendí todo lo que decía, ya que hablaba en un dialecto muy cerrado del interior. Me abrazó y me dijo “gracias”. Cuando pasa esto, piensas que al final todo lo sufrido ha valido la pena. Recuerdo también unas mañanas en que me he levantado con voz de bajo profundo, y con mucho miedo, jiji.

¿Qué opinas de la situación actual de los músicos y los cantantes? ¿Qué crees que debería cambiar?
¿Qué puedo decir que ya no se haya dicho una y otra vez en todos los medios? La situación es la que es, y no es del todo favorable, tanto económica como socialmente y artísticamente. Ya no se trata solo de un problema de dinero. Hay un problema cultural profundo, y este toca tanto a “profesionales” como a “profanos” por igual. Todo está cambiando muy rápidamente en una sociedad en la que la imagen prevalece sobre otras cualidades, sobre todo en el sector del canto. A menudo un cantante con un cuerpo determinado supera en audiciones a otro que, probablemente, cante mejor, enuncie mejor, diga mejor las cosas. Difícil, a estas alturas, cambiar la estructura y la escala de valores culturales de esta sociedad. Debería cambiar la educación de los niños desde la base, desde la escuela primaria, y la manera en que los padres (ya que éstos tienen mucho que ver, ¡no solo la escuela!) le explican las cosas a sus hijos. Pero, en fin, tampoco vamos a pensar que en 1730 todo el mundo era Farinelli, Metastasio, Handel y Bach. La caca ha existido siempre, me temo. Y me paro aquí, porque si no no terminaremos nunca ;-)

¿Qué proyectos musicales tienes en mente realizar?
Muchas cosas en la cabeza, pocas realizables – no hay patrocinadores, no hay dinero. Y si lo hay, se lo dan al fútbol, o a cantantes que están dentro de otro sistema de cosas y de agencias, así que difícil. Me gustaría profundizar en la enseñanza, que estoy disfrutando muchísimo cuando tengo tiempo para impartir clase. Me encantaría poder organizar un curso de canto aquí en Castellón, mi ciudad.

¿Qué consejo o recomendaciones darías a los que empiezan ahora a estudiar canto?
Cultura, mucha cultura. Leer como locos. Estudiar. Transcribir las letras. Aprender y mejorar idiomas. Saber de métrica (¿cantar sin saber lo que es un verso? ¿Acaso conduces sin saber lo que es un volante y un pedal, sin saber lo que es la gasolina, o qué significan las señales?), italiano y alemán lo primero y esencial. Literatura ante todo. Y estudiar mucha, muchísima música. Qué triste escuchar cantantes que dicen “canto mucho belcanto pero también me gustan Handel y Mozart”. ¿Han estudiado lo que significa “belcanto” o repiten simplemente lo que todos? ¿Les han explicado que belcanto significa mayoritariamente siglos XVII y XVIII y que muere lentamente entre Rossini y Bellini, con algo de Donizetti pero no todo?

El cantante debe ser todo lo culturizado que pueda, y no me refiero precisamente a levantar pesas. Aprender a escribir, a hablar correctamente, a mantenerse harmónicamente en pie. Aprender, poco a poco, a comunicar sin violentar, a protegerse pero sin cerrarse. Bajar los hombros, destensar el cuello, dejar la mandíbula suelta. ¡Dificilísimo! Pensar en vertical sobre todo, y en circular, en profundidad. Cantar con todo el cuerpo menos con el cuello, en realidad... Y ser buena persona. Eso al final es lo que se ve. La voz refleja mucho, muchísimo, igual que los ojos y las manos. ¡Ojito! – Hay tantas cosas... Y, naturalmente:

Vais a emprender un camino largo, muy largo, duro, muy duro, único, muy único. Si no estáis totalmente convencidos de que podéis sacrificar muchas cosas por esto, pensároslo dos veces. Si es que sí, entonces estad preparados para vivir al borde de muchas cosas, buenas y malas. Cantar es una grande, enorme responsabilidad. 
 
¿Quieres añadir algo más sobre tu relación con la música o con el canto?
No querría repetir lo que todos: “no podría vivir sin música, no tendría sentido para mí respirar, que me mueroooo”. Eso lo sabemos todos, y no hace falta ser músico para aplicarse estas frases. Sí, técnicamente podemos vivir sin música, cómo no. Hay que ver cómo viviríamos, cuál sería nuestra calidad de vida, la calidad de nuestra vida anímica. Eso ya es otro tema...

No soy nadie, y sigo aprendiendo cada día sobre canto y música, igual que aprendemos cada día sobre la vida, sobre las relaciones humanas, etc. ¡Cómo no! Para eso estamos aquí, para aprender. ¿Quién podría probar lo contrario? Aprender es la clave de la supervivencia. Aprendemos a caminar, a leer, a escribir... aprendemos (a veces) a amar, (a veces) a ser amados. Cantar es parecido. NUNCA DEJAMOS DE APRENDER. Por un lado la técnica, por otro lado el aspecto humano. Sin técnica, sin decorum (usando un concepto barroco), sin preparación, sin aprendizaje previo, no podemos ofrecer un producto de calidad, un producto digno. Sin el lado humano, el de la comunicación, ofreceremos un producto técnicamente hábil, pero frío. Creo que la clave del canto y de muchas otras cosas resida en la combinación de una correcta utilización de los recursos técnicos y de una correcta traducción de estos a través del coloreado tamiz de las emociones, y todo esto en vivo y en directo. Una disciplina enorme, a veces cruel, a veces grandiosamente excitante. Arte escénico, al fin y al cabo, ¿no?