A veces escribir no empieza con una idea, sino con una sensación. Esta letra nació de ahí: de una conversación silenciosa con mis propios pensamientos, de escuchar a la soledad y reconocer que, cuando habla demasiado, suele mentir.
Mientras escribía, intenté transformar la vulnerabilidad en un lugar seguro. Convertí la canción en un refugio, en un espacio donde cualquiera —incluyéndome— pudiera encontrarse cuando el ruido afuera o adentro fuera demasiado. Respirar se volvió un puente: una forma de regresar al presente y recordar que ahí también hay curación.







