Hoy disfrutamos el placer y honor de entrevistar en exclusiva al grandísimo barítino español Carlos Alvarez

Después de más de 35 años en los escenarios internacionales, ¿cómo ha evolucionado su manera de entender la verdad escénica en un personaje? ¿Hay algún rol en el que sienta que ha cambiado radicalmente su enfoque con el paso del tiempo?
-Vaya por delante que, como intérprete, no me interesa en absoluto ser yo mismo sobre el escenario. La información aportada tanto por la partitura (música y libreto determinan los márgenes de acción) como por la investigación complementaria que yo realizo sobre el personaje son básicas para crear el rango en que puede desenvolverse mi papel, convirtiéndose así en una “constante” (parte invariable de una ecuación). La experiencia profesional ha confirmado que las circunstancias “variables” (los compañeros y su capacidad de réplica, la lectura de las dos direcciones involucradas en una producción: musical y escénica, la propuesta de caracterización física del personaje, mi circunstancia personal en ese momento, etc) son las que aportan las diferentes matizaciones que hacen de cada réplica una realidad/verdad escénica única, por efímera e irrepetible.
En cuanto a la incidencia del paso del tiempo, paradójicamente, el personaje más atemporal de los que he interpretado, Don Giovanni, es el que ha tenido la obligación de madurar conmigo haciendo más hincapié en su parte psicológica que en el aspecto físico.
Usted ha dicho en alguna ocasión que prefiere no juzgar moralmente a sus personajes. ¿Qué personaje “difícil” o políticamente incómodo le ha resultado más liberador interpretar precisamente por esa falta de juicio?
-Tanto Don Giovanni como Scarpia son personajes necesariamente “incómodos” para que la trama de estas óperas obtenga el atractivo que su éxito ha demostrado. Desde este punto de vista, interpretarlos sin complejo y sin sentimiento de culpa ayuda a una mejor trascendencia y resultado escénico (aunque esto requiera maltratar, durante la escena, a los queridos y admirados colegas que comparten la acción). Sí he de decir que ambos, finalmente, reciben por parte de los autores la reprimenda moral que la comunidad espera, pagando con su vida cualquier exceso cometido.
¿Qué tipo de dirección escénica le estimula más hoy en día: las propuestas muy conceptuales y contemporáneas o las lecturas más tradicionales pero extremadamente cuidadosas con el texto y la música?