4.12.10

Verdades y mentiras que mi profesor de canto me contó.

En este post me gustaría reflexionar sobre algunas frases que muchas veces hemos dado por sentadas...

El mundo del canto, de los profesores y de los colegas es algo muy muy peculiar. Existen creencias muy extendidas sobre el aprendizaje del canto que se se asumen como verdades y que sería conveniente revisar porque en cuanto se hace una analogía con cualquier otro ámbito resultan absurdas.

Seguro que todos hemos oído alguna vez:

- "Para cantar bien se necesita mucho tiempo".  
 Si bien es cierto que tener un buen dominio de la voz requiere del trabajo de varios años, no comparto la idea de que cantar aceptablemente lleve tanto tiempo como se quiere hacer creer. En un año se puede aprender el patrón muscular básico de la respiración que después se irá perfeccionando.  Después, se necesita tiempo para aprender obras y permitir que la voz vaya evolucionando y madurando.
No es cierto que una persona necesite varios años para poder cantar una obra bien.  Siempre hay obras que son apropiadas según el nivel técnico y la madurez vocal del alumno. Es trabajo del profesor hacer una buena elección. Si el profesor no conoce los criterios técnicos de selección y suficiente repertorio, no es problema del alumno.

- "Los resultados tardan mucho tiempo en verse" 
A mis alumnos les digo que si después de dos meses de trabajo, si ellos hacen su parte, debe percibirse una evolución en su manera de cantar, deben respirar mejor, tener la voz más colocada, haber ampliado la tesitura al menos en las vocalizaciones, sentirse menos tensos, cantar más cómodos, poder cantar algo que les costaba.... 
Si esto no sucede siempre digo que la culpa no es del alumno sino que el profesor no está enfocando bien el trabajo.

- "Si vas a un curso o pides otra opinión te vas a perder...".
 Muchas veces los profesores tienen miedo a escuchar las opiniones de otros colegas o temen que los alumnos dejen de ir a su clase porque encuentran que otro profesor se ajusta más a sus necesidades. Todo esto no es más que inseguridad del propio profesor y una vez más el alumno debe tomar sus decisiones.
El alumno no es una posesión, el alumno es un cliente que elige y que actúa según aquello que le conviene en cada momento. Si bien es cierto que la relación que se establece entre el alumno y el profesor requiere de mucha confianza y empatía, el profesor no puede perder de vista que llega un momento en el que el alumno se va. Esto no quiere decir que el profesor no deba aconsejar u orientar, pero siempre desde la honestidad y la profesionalidad.
Un buen profesional debe siempre respetar la voluntad del alumno y debería escuchar las opiniones que otros colegas hayan podido formular sobre su manera de enfocar el trabajo. Esto, lejos de desacreditar al profesor debe estimularle a buscar nuevas ideas  o incluso reconocer que, quizás, no pueda ayudar al alumno más de lo que lo ha hecho.
Por otro lado, que el alumno se pierda forma parte del proceso de autodescubrimiento y muchas veces es necesario para que el aprendizaje sea realmente significativo.

- Aún no estás preparado para hacer una actuación... o cualquier actividad que suponga una apertura al público.
La actuación es una parte más del proceso de aprendizaje y el profesor debe valorarlo así y favorecer que el alumno se exponga a esa situación de una manera progresiva y en condiciones adecuadas.
Siempre hay canciones que el alumno puede cantar en base al nivel en el que está. Según mi experiencia, cuando el mecanismo de la respiración empieza a funcionar todo lo demás se va acoplando (posición, articulación, etc) y es, en ese momento, cuando se puede empezar a trabajar alguna obra sencilla con el fin de mostrarla ante un público para tener oportunidad de trabajar la actuación.
Cantar y adquirir tablas en el escenario es un proceso que requiere entrenamiento y se ha de dar por hecho que al principio será un trabajo de ensayo error en el que se tienen que valorar las reacciones del alumno para pautar y concretar el trabajo de la actuación.