25.6.15

Álvaro Fierro: Las administraciones que han invertido regularmente en cultura han tenido menos deuda


Hemos tenido el placer de conversar con Álvaro Fierro, investigador del grupo Urbegui que colabora en el proyecto Culturmetria con la empresa Kultiba, empresa que se dedica a consultoría cultural que diseña y desarrolla planes estratégicos y programas operativos para la gestión de la cultura y el arte. Porque sí que se puede medir el impacto que tiene la cultura en la sociedad; él nos lo cuenta:

Llevamos muchos años, quizás demasiados, escuchando una cantilena que parece que ha calado en la sociedad española y que consiste en defender que la cultura no es rentable, que en tiempos de crisis es lo primero que hay que recortar... ¿Qué opináis de este ideario que se ha preestablecido socialmente?

La Administración siempre ha tratado a la Cultura como un sector, digamos, prescindible, incluso en épocas de bonanza. La cultura es para muchos, erróneamente, sinónimo de entretenimiento, y se soslaya su valor intrínseco. Nosotros creemos firmemente que la cultura nos hace mejores personas, y aunque este sea un aforismo muy simple, casi prosaico, es real. El reto es pues hacer posible la medición de conceptos tan etéreos como los que supone consumir cultura: empatía, tolerancia, felicidad… Hemos comprobado empíricamente que las administraciones municipales que han invertido regularmente en cultura han tenido menos deuda a largo plazo, y que se ha generado un tipo de empleo heterogéneo y vivo más susceptible al reciclaje y a la creatividad. 

¿En qué aspectos consideráis que ha cambiado el modelo de negocio de músicos y artistas en el siglo XXI?

No soy el más adecuado, ya que hablo desde el punto de vista del consumidor musical y artístico, pero está claro que ahora el modelo de negocio musical es otro: no se venden discos y se potencia el directo, sobre todo “la festivalitis”. Pero es un círculo vicioso, ya que en los festivales siempre están los mismos y si un artista, por lo que sea, no encaja aquí, seguirá ubicado en ese limbo que son las giras precarias y desagradecidas. En definitiva, el modelo ha cambiado tanto que la manera habitual de escuchar música ahora es el móvil o el ordenador. No se salvan los contenidos ni los continentes.

¿En qué consiste exactamente vuestro trabajo, qué objetivos os planteáis a la hora de hacer un estudio de impacto en inversión cultural?

Nos basamos principalmente en tres puntos: impacto económico, social y cultural. Esto último, desde la perspectiva de coste de oportunidad. ¿Qué hubiera pasado si no se hubiera invertido en cultura durante determinados años en un municipio? ¿Hubieran surgido los mismos artistas? ¿No se hubieran despertado sensibilidades en este ámbito que se han materializado en la creación de actores, músicos, etc.? Así, nuestra labor es diseñar indicadores parciales, siempre en aras de la creatividad y acotando cada proyecto al margen al que pertenece, y “jugar” con los datos, en pos de buscar evidencias estadísticas que resistan la inferencia. Nunca llegaremos a encontrar causalidades (nadie lo puede hacer desde las ciencias sociales, al menos que yo sepa) pero si nos aproximaremos a revelaciones que relacionan la cultura con la calidad de vida.

¿Habéis estudiado el o tenéis datos del impacto que en el sector cultural ha tenido la subida del IVA al 21% en pérdidas de puestos de trabajo, cotizaciones, etc.?

Nosotros no lo hemos hecho, pero se puede enfocar desde el punto de vista anterior, el del coste de oportunidad. Hay estudios ya realizados sobre la materia y por supuesto, las conclusiones son descorazonadoras.

¿Qué consejos les diríais a los concejales y diputados de cultura entrantes en estas elecciones, por dónde tendrían que empezar, qué objetivos se deberían plantear?

Sería muy pretencioso por nuestra parte dar cualquier consejo a los gestores municipales o provinciales, pero por mi experiencia, puedo decir que los concejales que están en el puesto por vocación- y no en otra cartera de manera casual- son los que de verdad luchan en los plenos por potencial la cultura y en los presupuestos anuales, pelean por su presupuesto. Aunque suene a perogrullo, no ayuda nada que los que están en este ámbito como podían haberlo estado en Medio Ambiente estén al cargo de esta gestión.