7.3.12

Dime cómo hablas y te diré si te escuchan

Observando y tratando con personas que emplean su voz como herramienta profesional me he dado cuenta de que la forma en la que comunican tiene mucho que ver con los resultados que obtienen.

Un buen profesor, conferenciante, comercial, locutor, etc. maneja su voz de manera que consigue mantener la atención de la audiencia sin que se tenga que hacer esfuerzo alguno. De hecho a veces escuchamos aunque el tema no nos interese especialmente sólo por la manera de hacerlo.

La buena noticia es que cualquiera puede mejorar sus competencias para hablar delante de un público si se lo propone. De hecho las personas que saben expresarse delante de otras sienten una gran satisfacción y placer al hacerlo.

Las personas que mantienen la atención de la audiencia lo hacen por varias razones:
1. Son competentes en la materia y tienen un discurso preparado o estructurado.
2. Sienten la necesidad de comunicarse y generalmente lo hacen con convicción y pasión.
3. Disfrutan hablando delante de otras personas, les estimula y les enriquece.
4. El mensaje es comunicado sin rodeos, de manera ordenada y fácil de seguir. 
5. Poseen una  buena emisión del sonido y los oyentes no se desconectan, el oyente no tiene que hacer un esfuerzo de escucha.
6. El orador tiene una buena técnica vocal natural o adquirida. 


En cambio las personas que se comunican sin tener en cuenta alguno de estos aspectos acaban teniendo dificultades para ejercer su labor con el consiguiente sentimiento de frustración o insatisfacción ante la labor comunicativa. Estas son algunas causas:

1. Cuando nos hablan de una forma monótona, en la que la voz no se modula entre varias alturas (grave-agudo),  nos entra el sopor, aún recuerdo a un profesor que tuve por lo soporíferas que eran las clases, no la temática. Igual que el traqueteo de un tren nos induce a dormir, una voz que no está modulada provoca el mismo efecto.

2. Cuando uno se convierte en un orador metralleta, es decir,  aquel que enlaza una frase o concepto con otro sin darse tiempo a respirar, y por lo tanto sin dejar respirar a la audiencia. Este hecho agota a ambos. Los que escuchan necesitan un momento para reflexionar y el orador debería tomárselo si no quiere tener problemas vocales a la larga.  En este caso, respirar en el lugar y de la manera adecuada mejorará la atención y el proceso comunicativo.

3. Cuando se tiende a forzar la emisión para que la voz alcance a toda la audiencia. El orador acaba gritando y la audiencia se siente violentada ante la forma de recibir el mensaje.

4. Cuando el orador  emite su mensaje sin tener en cuenta la respuesta que despierta en la audiencia... es importante interpretar el Lenguaje No Verbal (LNV) para identificar los giros que necesitamos adoptar en el discurso. Comunicar un mensaje implica solicitar una actitud de escucha activa, por eso el orador debe manejar la situación para implicar a la audiencia.