Por: Isabel Villagar, profesora de canto
Hoy me es muy grato compartiros una novedad editorial internacional de alto impacto:
En tiempos en los que la divulgación sobre el cuerpo suele oscilar entre el manual técnico y el recetario de autoayuda, Postura y emociones, el nuevo libro de Bibiana Badenes publicado por RBA Integral, propone algo más ambicioso: comprender el cuerpo como un relato vivo de nuestra biografía emocional.
La premisa del libro es tan sencilla como potente: nuestra postura no es una mera cuestión mecánica, sino un lenguaje. Cada tensión, cada patrón respiratorio, cada forma de sostenernos en el espacio habla de lo que hemos vivido y de cómo nos relacionamos con nuestras emociones. Badenes desarrolla esta idea con una combinación equilibrada de evidencia científica, experiencia clínica y narración de casos reales que facilitan la identificación del lector con los procesos descritos. La autora insiste en una idea central: el cuerpo no se corrige desde fuera, sino que se reorganiza desde dentro, cuando comprendemos los patrones físicos y emocionales que lo han configurado.
Uno de los grandes aciertos del libro es su enfoque multidimensional del concepto de postura. Badenes lo explora desde la fisiología, la psicología, la cultura y la experiencia cotidiana, construyendo un mapa complejo pero accesible de cómo se generan y mantienen nuestros patrones corporales. En ese recorrido aparecen conceptos clave de la ciencia contemporánea, como los marcadores somáticos: esas asociaciones entre experiencia emocional y respuesta corporal que acaban moldeando nuestras reacciones automáticas.
Para quienes trabajamos en el ámbito musical —especialmente con la voz— el paralelismo resulta inmediato. Muchas de las ideas que atraviesan el libro parecen trasladarse de forma natural al aprendizaje vocal: los mismos marcadores somáticos que condicionan una postura pueden también condicionar un sonido. La expectativa de cómo “debería” sonar una voz puede activar patrones musculares que, paradójicamente, dificultan la emisión natural. En ese sentido, el libro ilumina con claridad algo que la pedagogía vocal observa a diario: la memoria emocional y corporal influye profundamente también en la producción de la voz.
Otro aspecto especialmente sugerente es la manera en que la autora introduce referencias artísticas. Las esculturas que aparecen a lo largo del texto funcionan casi como estudios visuales de la emoción encarnada: cuerpos detenidos en gestos que hablan por sí mismos. A ello se suman sugerencias musicales que invitan al lector a explorar sensaciones y estados corporales desde la escucha. El resultado es un libro que no solo se lee, sino que se experimenta.
En esa dimensión práctica destacan también los ejercicios propuestos, concebidos desde la idea de variabilidad. Badenes insiste en que la libertad de movimiento no es solo una cuestión física: es también una forma de libertad perceptiva y cognitiva. Cambiar el repertorio de movimientos del cuerpo abre, de algún modo, nuevas posibilidades para pensar, sentir y relacionarnos.
Subrayo además un punto especialmente relevante para el ámbito artístico: cómo los miedos —muchas veces adquiridos en entornos educativos rígidos o poco seguros— dejan una huella tanto emocional como somática. En disciplinas como el canto esto se manifiesta con frecuencia en forma de bloqueo, tensión o miedo escénico. La reflexión que se desprende de este enfoque es clara: los intérpretes seguros no se construyen desde la presión, sino desde contextos que permiten explorar con confianza y seguridad, desde el respeto a las emociones y a la corporalidad.
En última instancia, Postura y emociones es un libro que dialoga con múltiples disciplinas: la fisioterapia, la psicología, la pedagogía del movimiento y, de manera inesperadamente fértil, también sería extrapolable con la pedagogía musical. Badenes logra algo poco común: poner “blanco sobre negro” procesos que muchos profesionales intuían desde la práctica pero que rara vez se explican con tanta claridad.
Por eso no es extraño que el libro encuentre lectores tanto entre profesionales de la salud —psicólogos, especialistas en dolor o terapeutas corporales— como entre músicos, docentes de voz o intérpretes. Todos ellos comparten una misma intuición: que el cuerpo, antes que una máquina que corregir, es un territorio que aprender a escuchar.
Y en ese gesto de escucha —tan corporal como emocional— reside quizá la verdadera aportación del libro. Un recordatorio de que nuestra manera de estar en el cuerpo también es una manera de estar en el mundo.
Os dejo el vídeo de su interesante y emotiva presentación:

